miércoles, 12 de julio de 2017

Homenaje a las Victimas del Franquismo



Homenaje a las víctimas del franquismo
  • Martes 18 de julio de 2017
  • 20:00 horas
  • Lugar: Tapia cementerio de Granada
  • Organizan: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica 14 de abril, Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación y Foro por la Memoria.
Intervienen:

Juan Pinilla, defensor de la Memoria Histórica y cantaor flamenco.

Luis Naranjo: promotor de la Ley de Memoria de Andalucía. 
Ian Gibson : Biógrafo de Federico Garcia Lorca 

Víctimas del franquismo: 
Nati Bullejos
Antonio Ruiz Valdivia.
Gabriel Fernández Valladares.

Javier Cuesta, Acordeón republicano

lunes, 10 de julio de 2017

La Selección de los Cuadros


Artículo del partido comunista colombiano.

Dimitrov sostenía que una de las cuestiones más actuales de los partidos comunistas y de las juventudes comunistas era el problema de saber elaborar “una política justa de cuadros”.


Justa significa que esa política debe tener en cuenta por lo menos, seis criterios orientadores: 1) un estudio sistemático de los cuadros; 2) las promociones deben tener en cuenta la relación del cuadro con las masas; 3) capacidad para descubrir y utilizar las valiosas cualidades de cada cuadro; 4) tener en cuenta y saber resolver de un modo adecuado las dificultades del orden material, familiar, etc.; 5) apoyar a los cuadros en la corrección de sus defectos y errores en sus funciones y en la vida cotidiana; y 6) la necesidad de velar por la preservación de los cuadros ante los ataques del enemigo. Como puede apreciarse, esta elaboración exige un esfuerzo colectivo y permanente desde las direcciones y las células. La política de cuadros no es una labor exclusiva, personal, ni algo que se haga en solitario, sino que es un proceso consciente que abarca varios momentos, niveles y responsabilidades partidarias.

Pero no es suficiente tener claro estos aspectos si en la práctica cotidiana se actúa en contravía de estos lineamientos.

Podemos encontrar situaciones en las que se presenta una brecha entre lo ideal y lo real. Como en toda estructura de relaciones humanas cuya esencia radica en el carácter contradictorio de las visiones, intereses y deseos que están comprometidos, pues resulta inevitable que surjan allí conflictos y luchas. En el curso de estas dinámicas pueden aparecer lógicas de grupo y dispositivos de poder que impidan que se realice de manera adecuada la política de cuadros, perjudicando de manera notable el desarrollo y crecimiento del partido. No olvidemos que existe una relación directa entre número de cuadros y crecimiento partidario; podríamos decir, en otros términos: dime con cuántos cuadros dispones y te diré cuánto puedes crecer.

Deformaciones lesivas

De ahí la amenaza de que aparezcan ciertas deformaciones lesivas para el tratamiento de los cuadros y la cohesión del Partido. Por ejemplo, en lugar de una política de cuadros colectiva e igual para todos, se puede incurrir más bien en una política hacia el cuadro individual de forma preferencial y exclusiva. La política de cuadros se quiebra cuando termina reemplazada por un sistema de favorecimientos que tiende a integrar a unos cuadros mientras excluye a otros, por lo general con criterios sesgados y arbitrarios. No basta entonces con tener una política de cuadros, si en la práctica, esta no puede llevarse a cabo en razón a la existencia de enfrentamientos de grupos y sus dispositivos, dificultando y anulando su justa implementación. El problema con los dispositivos de poder es que, en la mayoría de casos, permanecen ocultos y resulta muy difícil identificarlos para poder desactivarlos a través del ejercicio correcto de la crítica y la autocrítica.

La selección de los cuadros

Un aspecto crítico de este problema tiene que ver con los criterios fundamentales que deben orientar la selección de los cuadros en las conferencias y congresos. Dimitrov, nuevamente, nos sugiere algunos criterios: 1) promover cuadros que se destaquen por una profunda fidelidad a la causa obrera y al partido, probada en la lucha frente al enemigo de clase; 2) la más íntima vinculación con las masas: vivir para los intereses de las masas, tomar el pulso a la vida de las masas, a su estado de espíritu y a sus anhelos. La autoridad de los cuadros del partido debe apoyarse sobre el hecho de que las masas reconocen en ellos a sus dirigentes; 3) tener en cuenta cuadros que sepan orientarse por sí mismos en las situaciones complejas y que no teman tomar decisiones difíciles. No es dirigente quien teme asumir una responsabilidad. Un auténtico cuadro dirigente no se limita a hacer lo que le mandan. Tiene opinión, iniciativa y se arriesga a llevarla a cabo junto con otros, respetando la dirección colectiva y el centralismo democrático; y 4) la disciplina y el temple revolucionario, que implica una permanente disposición a luchar contra el enemigo de clase, como también para combatir de forma consecuente, sin sectarismo y con plenas garantías, todas las desviaciones del proyecto revolucionario y la línea del Partido.

Tenemos la necesidad de observar cuidadosamente estas condiciones para una acertada selección de los cuadros, para que no predomine el juego cerrado de las pequeñas disputas por micropoderes que llegan a ser la causa de que no logremos una adecuada formación y promoción de los cuadros. El estatuto del partido ofrece garantías para que cada militante decida, libre de cualquier coacción externa, delibere por sí mismo a la hora de seleccionar los cuadros que más se acercan a estas condiciones, esto gracias al ejercicio del voto secreto que permite deshacerse de ataduras que puedan viciar la voluntad cuando de decidir se trata.

La democracia interna del partido se apoya en el convencimiento de que existe un carácter político en los debates y las decisiones sobre los cuadros, pese a que, en ocasiones, aparezcan algunas opiniones que puedan tornarse demasiado personales, sesgadas, caprichosas y exageradas en juicios de valor. En estas situaciones es muy importante trabajar por el cuidado de los cuadros, evitando que la crítica se desborde al punto de lesionar la dignidad del cuadro, degenere en el atropello e incluso que pueda llegar hasta el maltrato. Nuestros cuadros son muy valiosos y le han costado mucho al Partido en este largo proceso de formación, como para perderlos por cuenta de los errores y por un mal método de evaluación sobre su labor y papel. El partido no puede darse el lujo de prescindir de ninguno de sus cuadros, debe aprovecharlos a todos (as) aceptando lo que muy bien nos recuerda Dimitrov: “hombres ideales no existen: hay que tomarlos como son, corrigiendo sus lados flojos y sus defectos”. Hay que evitar el veto a cuadros buenos que, si se les asignase un trabajo más en consonancia con ellos, aportarían un gran beneficio al partido.

martes, 30 de mayo de 2017

¿Que es eso del leninismo?

Publicado en: https://marxismoirreverente.wordpress.com/

Sabemos que el marxismo es un método de análisis, que parte de una serie de posicionamientos filosóficos (materialismo, dialéctica) y que además tiene una clara intención emancipadora; sus análisis deben servir para criticar y destruir el sistema capitalista en este caso. ¿Pero que es eso del leninismo?

El leninismo es una forma de concebir la organización de los comunistas. Con el marxismo tenemos la herramienta que nos ayuda a comprender la realidad, ahora necesitamos otra que nos permita transformarla. El leninismo implica una forma de entender la lucha social, de cómo organizarla y desarrollarla de la forma más eficiente posible; más concretamente, es una forma de entender cómo los comunistas debemos organizarnos dentro de la lucha social, que evidentemente trasciende de nuestras propias filas. ¿Y en qué consiste?

La idea fundamental del planteamiento de Lenin es que el Partido Comunista, entendido como un partido de vanguardia, no pretende ser una fuerza que “represente” a la clase obrera. Lo que se pretende es crear un partido para organizar la revolución, es decir, crear una organización desde la que desarrollar estrategias conjuntas de acción en los diferentes conflictos y frentes de lucha. No debemos por tanto entender el partido comunista (en su versión leninista) como una fuerza electoral que busca tener un apoyo en forma de votos, sino como un espacio de coordinación de los revolucionarios y revolucionarias, con el objetivo de acordar estrategias comunes que permitan derrocar al sistema en su conjunto.

– Un partido de cuadros

Desde la perspectiva leninista, suele decirse mucho que el partido comunista es una organización de militantes y no de afiliados, ¿qué queremos decir con esto? Mientras que un afiliado es aquella persona que forma parte de una organización, paga su cuota y apoya a la misma en las convocatorias que ésta suele plantear, un militante es aquella persona que es parte activa de la organización y participa en el desarrollo cotidiano de su linea política. Lo que nuestro amigo Vladimir (Lenin) quería era una organización de gente comprometida con la causa revolucionaria, que mantuviera una actitud activa tanto en las cuestiones organizativas internas, como en el desarrollo de la estrategia acordada hacia lo externo. Ser comunista no significa por tanto llevar camisetas del Che Guevara y acudir a alguna que otra manifestación, sino que supone un fuerte compromiso con la lucha; es por esto que los y las comunistas buscamos convertirnos en gente muy formada tanto en cuestiones prácticas como teóricas, es decir, convertirnos en cuadros políticos.

Ser un cuadro político significa tener las herramientas (teóricas y prácticas) que nos permitan incidir en la realidad de forma eficaz. Un cuadro político es aquella persona que logra analizar las potencialidades y debilidades de cada situación, que es capaz de marcar estrategias en lo concreto dentro de una estrategia más general, que actúa de forma minuciosa y sistemática; es decir, que actúa con la cabeza más que con el estómago. No se trata, por tanto, de aplicar nuestros ideales en abstracto, sino de saber CÓMO aplicarlos.

Cuando Lenin plantea crear un partido de cuadros, lo que pretende es unificar en la misma organización a los líderes/referentes de las diferentes luchas sociales; coordinar a los elementos más “avanzados” de la clase obrera para poder desarrollar una estrategia común que logre unificar todos los frentes (sindical, político, vecinal…etc) y enfocarlos hacia la superación del sistema.

– Un partido de vanguardia

Es común ver en los textos del movimiento comunista, que nuestra organización debe erigirse como “la vanguardia” de la clase obrera. Este concepto ha sido infinitamente malinterpretado por mentes cuadradas y dogmáticas, por lo que resulta muy necesario hacer una reflexión sobre el mismo.

En un ejército, la sección de vanguardia es aquella que va por delante del grueso del mismo. Su misión es la de recabar información que ayude al conjunto del ejército a maniobrar de la mejor forma posible y a prepararse en caso de que se encuentren con tropas enemigas.

Cuando hablamos de que los comunistas debemos ser la vanguardia del movimiento obrero, lo que queremos decir es que debemos ser los que, en primer lugar, realicen análisis de la situación general que vayan más allá del análisis del conflicto concreto. Y en segundo lugar, proponer formas concretas de actuación ante la situación descrita. Por tanto, la labor que debemos tener los y las comunistas es la de saber conectar los conflictos concretos (bajos salarios, acceso a la vivienda, falta de democracia…etc) con el conflicto general contra el sistema; hacer ver a las personas implicadas en dichos conflictos que la causa última de los mismos se encuentra en el sistema capitalista. Y por otro lado, saber proponer una estrategia que permita trascender esas luchas concretas hacia una lucha general contra el sistema.

Sin embargo, hay quienes piensan que “ser la vanguardia” significa estar por encima del resto, como si el hecho de tener el carnet del partido te otorgara una especie de superioridad intelectual sobre las demás personas u organizaciones. Declararte comunista no te convierte en vanguardia, esa condición no puede ser auto-proclamada sino que deben ser los mismos trabajadores quienes te identifiquen como tal. Y para eso, los y las comunistas debemos convertirnos en los referentes dentro de nuestros ámbitos concretos de actuación, y esto sólo se logra mediante el trabajo continuado y comprometido. Tal y como dijo el Ché Guevara, “el socialismo es la ciencia del ejemplo”, por lo que ser vanguardia significa estar siempre en la primera linea, estar dispuesta a trabajar como la que más y ser un apoyo para el resto de compañeros y compañeras.

sábado, 27 de mayo de 2017

Soviets: Los Consejos Obreros de la Revolución Rusa

Artículo publicado en corriente roja

La palabra “soviet” significa sencillamente “consejo” en ruso. Aparecieron en la revolución de 1905. Con el estallido de febrero de 1917, se extendieron por todo el país. Los soviets se constituyeron en centros de trabajo, en barrios, en el campo…. incluso en cuarteles y comisarías. Al principio eran reuniones donde se preparaban movilizaciones o huelgas, pero la revolución los convirtió en organismos de poder. ¡El 1º decreto del Soviet de Petrogrado establecía que todo movimiento de tropa debía ser aprobado por él! Es decir, había un gobierno “formal” en el país, pero otro “gobierno” que mandaba tanto o más que el primero: el soviet. Los soviets también empezaron a participar en la dirección de las empresas, comenzando a establecer un control obrero de la economía.

Por J.Parodi

A medida que la revolución maduraba, el sistema de soviets iba estructurándose mejor. Había soviets “de base”, desde donde se elegían delegados a soviets de ciudad o de región. Finalmente, había un soviet supremo estatal. Este “parlamento” no funcionaba como los parlamentos que hoy conocemos. La elección era directa en asamblea, y los delegados no se elegían con mandatos de 4 años, sino que eran inmediatamente revocables. Al calor de los acontecimientos, los partidos ganaban o perdían influencia rápidamente.

Los soviets y poder revolucionario

Al principio de la revolución los partidos de izquierda “moderada” eran claramente mayoritarios en los soviets. A pesar del poder que concentraban, eligieron apoyar al gobierno aristocrático “provisional” que se conformó tras la caída del zar, bajo la presidencia del Príncipe Lvov. Es decir, el soviet quedaba como un “consejero de izquierda” a ese gobierno “del cambio”. Al principio, los bolcheviques bajo el mando de Stalin y Kamenev estuvieron de acuerdo con esta orientación. Pero la vuelta de Lenin del exilio en abril cambió el rumbo. El Partido Bolchevique comenzó a combatir frontalmente al nuevo gobierno y a los partidos de izquierda conciliadores con él. Eso hizo que a medida que las expectativas de cambio que la gente trabajadora tenía se frustraban, los bolcheviques fueran ganando más y más peso.

El enfrentamiento llegó a ser muy agudo. Las manifestaciones eran ya muy masivas bajo la consigna de “¡Todo el poder a los soviets!”. Finalmente, en el mes de octubre, el soviet desplegó sus tropas en los puntos estratégicos y detuvo al gobierno, entregando el poder al soviet supremo estatal, que eligió un nuevo gobierno con Lenin como Presidente y emitió una batería de decretos sobre el establecimiento de la paz inmediata, el reparto de la tierra, la nacionalización de la banca, el control obrero de la economía, la autodeterminación de las nacionalidades o la igualdad total de la mujer.

Enseñanzas para hoy y mañana

Para coordinar luchas y orientarlas políticamente es necesario impulsar espacios unitarios, como hoy pueden ser las Marchas de la Dignidad. Obviamente, hoy no estamos viviendo ninguna revolución. Pero siempre que las hay se plantea ¿quién debe gobernar?

Las instituciones actuales están diseñadas para imposibilitar cualquier cambio real. Unas candidaturas tienen un masivo apoyo financiero y mediático y otras son invisibilizadas, la ley electoral es injusta (en las últimas elecciones en las que participamos a nuestra candidatura cada diputado le costó 454.012 votos mientras que al PP sólo 57.692), los gobiernos están obligados a pagar la deuda por el art. 135 de la Constitución y maniatados por la UE (un buen ejemplo es Tsipras). Y si todas esas medidas fallaran, los poderes reaccionarios pueden incluso dar un golpe, como hicieron aquí en 1936 o contra Allende en Chile.

Para que una revolución triunfe, necesitará estructurar un nuevo tipo de poder, que sustituya a las viejas instituciones. Obrero y popular, con una democracia directa desde la base. El papel de un partido revolucionario no consiste en inventarse “soviets” u organismos similares, sino en saber construir los organismos obreros y populares de Frente único, que a la par que son el motor de la movilización y de organización unitaria y democrática de la lucha, en su desarrollo puedan llegar a ser las instituciones de la clase obrera  alternativas a la instituciones burguesas.  Sin esas instituciones alternativas, la llegada  al Gobierno, por la vía electoral, no es la llegada al poder sino el acceso al organismo gestor del poder real que exista.

http://www.corrienteroja.net/soviets-los-consejos-obreros-de-la-revolucion-rusa/

martes, 16 de mayo de 2017

Febrero de 1917, ¿una revolución espontánea?


1.- La Historia como intención.

No nos engañemos, la historiografía dominante es profundamente anticomunista y esa actitud, latente o expresa, se evidencia en todo lo que mira, toca, interpreta y juzga. A veces de una manera burda y otras con modos más sutiles, menos evidentes y difíciles de detectar si no se presta atención a todo el escenario ideológico presente en un acontecimiento que, aunque concreto, la revolución rusa de febrero, no deja de estar estrechamente relacionado con el verdadero objetivo ideológico de esa historiografía anticomunista: el cuestionamiento de la revolución bolchevique que tendrá lugar meses más tarde.

A poco que cualquiera se asome a las muchas historias de la revolución que se encuentran en nuestro mercado editorial, podrá comprobar la rara unanimidad con que al referirse a los acontecimientos que tienen lugar en la Rusia zarista durante ese febrero de 1917, se habla de revolución espontánea y se recalca y subraya que en su brote, arranque y estallido, escasa o ninguna relevancia debe concederse a unos partidos políticos que, a lo más, se sumarían a aquella coyuntura histórica tratando de orientar las aguas revolucionarias hacia sus respectivos molinos políticos. Este “negacionismo”, esta celebración de la espontaneidad de las masas, tan impropio de ese pensamiento conservador para el que masa es casi sinónimo de irracionalidad animal, no deja de ser una clara consecuencia de la intención realmente buscada por la historiografía al uso: minimizar en lo posible el papel, no tanto de todos los partidos sino, en concreto, el de uno de ellos: el partido bolchevique.

Sin negar el carácter de revolución desde abajo que los sucesos de febrero evidencian, pero para dejar constancia al mismo tiempo del importante papel que los partidos revolucionarios desempeñaron en aquellos momentos, trataremos de describir de manera concisa la secuencia de los hechos. Como es obvio, todo acontecer histórico tiene antecedentes inmediatos y próximos y otros remotos y el momento elegido para dar comienzo al relato, aunque subjetivo, no por ello debe ser arbitrario pues, en toda narración, la selección del punto de partida deja transparentar la especial mirada ideológica desde la que la narración de la historia va a producirse. Al respecto parece conveniente hacer notar que, también con extraña coincidencia, la mayoría de los historiadores burgueses proponen el asesinato del monje Rasputín a finales de 1916 como antecedente u origen de aquella revolución. Elección que por su relevancia narrativa nos llevaría a conceder primacía en el desencadenamiento de la historia a la nobleza rusa en sus discrepancias con la corona zarista. Por nuestra parte mantendremos el criterio de que esa condición inaugural debe adjudicarse a otros acontecimientos por cuanto reúnen características de especial peso y relieve.

2.- Las fuerzas del futuro.

Hay constancia de que a partir de la primavera de 1916 se reinicia, a consecuencia del empeoramiento de sus condiciones de vida y del rechazo creciente a la guerra, una nueva oleada de huelgas y manifestaciones violentas por parte del proletariado de las ciudades con mayor peso industrial. En Octubre de ese mismo año en Petrogrado, y por iniciativa de los bolcheviques, se inicia en uno de los talleres de la gran fábrica Putilov una huelga que se extendió a la totalidad de las grandes fábricas de la ciudad dando lugar a desórdenes y manifestaciones reprimidas por las fuerzas de la policía local con la ayuda de las tropas de la guarnición que, en parte y en algunas ocasiones, he ahí lo inesperado, en lugar de reprimir confraternizaron con los huelguistas.

En Petrogrado, el partido bolchevique establece ya en 1915 un comité dirigido por Chiliápnokov, Zalutski y Molotov que se mantiene en comunicación con los dirigentes que sufren exilio, destierro o cárcel y trabaja extendiendo sus consignas de paz inmediata tanto en los medios obreros como en los frentes o cuarteles. 
Al comenzar el año el ejército se descomponía en los frentes de guerra, había más de un millón de deserciones, el hambre, la miseria y la subida de los precios alcanzaban inquietantes niveles y el frío se dejaba sentir con especial crudeza.

Con ocasión del aniversario del Domingo Sangriento de 9 de enero (22 de enero según nuestro computo [1]) de 1905, el comité bolchevique de Petrogrado prepara una gran manifestación obrera precedida de una huelga general que recibirá el apoyo de unos ciento cincuenta mil huelguistas aun cuando las manifestaciones callejeras apenas alcanzan importancia.

Días después, resurgen conflictos en la fábrica Putilov, donde trabajan más de 40.000 obreros, y el 22 de febrero la dirección de la fábrica decide el cierre patronal dando lugar a tumultos en los que participan obreros, mujeres y algunos estudiantes.

Para el 23 de febrero, las organizaciones socialistas habían convocado diversos actos y marchas para celebrar el “día de la mujer” y grupos numerosos de ellas a los que se suma toda una marea de obreros, recorren la ciudad enfrentándose a unas fuerzas de la policía que intentan que ocupen las calles y avenidas más céntricas. 
En los días siguientes las huelgas se extienden y los manifestaciones van reconvirtiéndose en una multitud amenazante de trabajadores y trabajadoras que intensifican la intervención violenta de la policía. En la mañana del día 24 militantes de las distintas organizaciones obreras organizan los primeros soviets procediendo a la elección de delegados en las fábricas, mientras el comité bolchevique lanza una declaración indicando que “la consigna de un gobierno de salud nacional –iniciativa que apoyan los mencheviques y social revolucionarios además de los constitucionalistas liberales (kadetes)- es una maniobra conservadora y reclaman la transferencia de poderes a los obreros y campesinos.

Las revueltas, huelgas y manifestaciones no dejan de crecer. Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes se vuelven cada vez más violentos y, acosados, los trabajadores, crecidos en sus ánimos ante la no intervención de los cosacos, asaltan comisarías y se hacen con armas.

En la madrugada del 26, domingo, la policía había detenido a más de un centenar de dirigentes de las organizaciones obreras. Sin embargo los trabajadores vuelven a tomar las calles y cruzan el Neva helado bajo el fuego de las ametralladoras. Mueren decenas de manifestantes y los obreros, aunque logran que una parte de la guarnición del regimiento Pavlovskii reaccione en su defensa, se acaban retirando a los suburbios. Crece la ira y numerosos incendios se producen por toda la ciudad, entre ellos el del Palacio de Justicia.

El 27 va a ser el día decisivo. Los obreros afluyen nuevamente a las fábricas y, en asambleas generales, deciden proseguir la lucha. Los soldados de tres o cuatro regimientos se sublevan y, en unión de grupos de obreros, asaltan y destruyen cuarteles de la policía, entran en los arsenales y se aprovisionan de armas y municiones. A mediodía toman las cárceles y liberan a los presos políticos. Cuando llega la noche la batalla parece estar decidida pues casi la totalidad de las tropas destacadas en la capital se habían pasado a la insurrección.

Aquella mañana la Duma desobedece el decreto de su disolución ordenado por el zar y la mayoría de sus miembros, kadetes, social-revolucionarios y mencheviques, optan, ante la presión de las masas triunfantes, por constituir un “Comité provisional de la Duma” que trata a su vez de presionar al zar y de restablecer el orden público, y la disciplina militar. Por la tarde tendrá lugar la primera reunión del “Soviet de obreros y soldados” que proclama el triunfo de la revolución y decide, entre otros acuerdos, que en todos sus actos políticos las tropas han de obedecer al soviet. Nace así una coexistencia de poderes más cerca de la hostilidad que de la colaboración - el Comité provisional de la Duma que dará lugar al Gobierno Provisional, Comité ejecutivo del soviet de Petrogrado-, que se mantendrá hasta la revolución de Octubre. En la noche del 1 al 2 de marzo, las dos instituciones, se reúnen para negociar, en condiciones de igualdad un acuerdo. Pero es evidente que en aquel momento la correlación de fuerzas es favorable a unos soviets que desde su constitución controlan la vida pública de la capital, gozan de autoridad ante las organizaciones obreras, sobre la administración y, lo más relevante, sobre las tropas.

3.- La fuerzas del pasado

Para completar el mapa dinámico de los acontecimientos de febrero es imprescindible tratar también de resumir los acontecimientos que protagonizan –y aquí lo de agonizar cuadra mejor que nunca- los dirigentes políticos y militares sobre los que ha venido sosteniéndose el régimen autocrático con la figura del Zar Nicolás II a la cabeza.

Cierto que la persona del monarca cuando llega 1917 está siendo cuestionada por parte de la aristocracia, la nobleza, la alta burocracia y la alta burguesía industrial que ven como la debilidad del régimen, la desastrosa conducción de la guerra y la impopularidad de la familia real están creando un ambiente de malestar que pone en peligro sus estatus y privilegios. Sin embargo estas discrepancias no llegan a cuajar y la única señal de su existencia acaso se encuentre en el asesinato, a manos de representantes de la aristocracia palaciega, de la figura de Rasputín, extraño y extravagante personaje que goza de los favores de los Romanov. Pero más allá de este episodio nada podría alegarse sobre un posible papel activo o cómplice de la burguesía en el desencadenamiento de los acontecimientos de revuelta, huelga y revolución.

A las primeras noticias de las protestas y manifestaciones que se suceden en la capital se les otorga escasa relevancia, y, solo cuando las revueltas toman proporciones significativas y se conocen los primeros amotinamientos de soldados y cosacos, el zar y su entorno tratarán de restablecer, sin éxito, el orden enviando tropas del frente para reprimir la rebelión de obreros y soldados. Ante las reticencias de la Duma, el amotinamiento casi general de los soldados y el triunfo de las revueltas de los obreros del día 27, se decide el envío de tropas de élite y fieles que sin embargo no llegan nunca a intervenir ante el miedo a que se pongan a favor de los insurrectos. El 1 de marzo asumiendo que las tropas amotinadas no obedecen las ordenes de la oficialidad, el Zar accede a que la Duma forme gobierno y sopesa su posible abdicación. Finalmente y después de comprobar que sus jefes militares le han retirado su apoyo, decide abdicar en la persona de su hermano Miguel quien, luego de entrevistarse con los representantes de la Duma, va a rechazar su subida al trono salvo en el caso de que la futura Asamblea Constituyente se lo pidiera. El día cuatro de marzo entre el alborozo de la población se hizo público el final de la dinastía de los Romanov. La revolución de febrero ha terminado. Empieza una nueva etapa. 

4. Una espontaneidad largamente preparada

La historia de la revolución de febrero parece tener como escenario casi único Petrogrado. En Moscú las noticias de lo que pasaba en la capital provocaron las primeras huelgas y manifestaciones y la toma, sin apenas resistencia, de la Duma municipal. En muchas ciudades de provincias los movimientos de obreros y la creación de soviets no empezaron hasta que la revolución triunfa. En ningún sitio salvo en la capital hubo acción alguna en defensa del viejo régimen. En la capital se contaron mil cuatrocientos cuarenta y tres muertos y heridos, de los cuales ochocientos sesenta y nueve pertenecían al ejército. Sesenta eran oficiales. La prensa burguesa habló de revolución incruenta minusvalorando la acción violenta de obreros y soldados, de modo semejante a como la historiografía burguesa española a analizaría la llamada Transición democrática sin apenas hacer referencia a las luchas obreras y ciudadanas que tuvieron lugar en los meses inmediatamente anteriores y posteriores a la muerte de Franco.

Es evidente, el relato ofrecido lo constata que la revolución de febrero fue obra de los obreros y campesinos, representados éstos por los soldados. Ahora bien, reconociendo ese claro protagonismo de “los de abajo” queda abierta la pregunta o preguntas sobre su espontaneidad: ¿La revolución surgió de manera inesperada o desde el principio fue impulsada, dirigida o coordinada desde alguna instancia política o social? ¿Fue o no fue una revolución espontánea? Para poder responder me parece inevitable tener que recurrir a aquello del “ni sí ni no sino todo lo contrario”.

Por espontáneo el diccionario de la RAE ofrece varias acepciones de las que dos tiene relación con la cuestión planteada: “Que se produce aparentemente sin causa” y “Que se produce sin cultivo o cuidados del hombre”. El dilema, aparte de presentarse como causa de disparidad en las interpretaciones que la historiografía recoge, tiene, y sobre todo tuvo en su momento, una importancia política inmediata pues la tutoría concede autoridad y legitimidad, algo fundamental a la hora de que “el doble poder”, -Gobierno Provisional, Comité del Soviet de obreros y soldados”- establezca sus relaciones y dependencias. La “teoría de la espontaneidad” obviamente restaba autoridad al soviet y además permitía hacer una lectura “natural” de la caída del Zar sin tener que adjudicar responsabilidades a las distintas capas sociales, -nobleza, burguesía, burocracia, ejército, iglesia- que hasta ese mismo momento habían venido sosteniendo la autocracia. Pero volvamos al sí ni no sino todo lo contrario.

Ni sí: si entendemos que una revolución da comienzo cuando el monopolio del poder se ve cuestionado por un acto de subversión y si aceptamos que una de las formas más frecuentes de realizarse ese acto de subversión es la disputa por el espacio público, la ocupación de las calles, las plazas, los edificios públicos, - recordemos aquel “la calle es mía” de Fraga Iribarne- parece claro que aunque las manifestaciones del “día de la mujer” hubieran sido preparadas por las organizaciones obreras ninguna de ellas habría planificado que esas manifestaciones, al encontrarse y mezclarse con las masas de obreros, fueran la chispa que disparase el conflicto. Dado que ese encuentro de obreros y mujeres reclamando pan para sus hijos y el fin de la guerra no parece responder a una voluntad previa podría resultar aceptable hablar de espontaneidad al menos hasta que las organizaciones obreras del barrio de Viborg toman la decisión de formar los primeros soviets.
Ni no: porque más que de espontaneidad habría que hablar de emergencia, de salida a la superficie de un sentimiento de opresión y rencor que responde a la conciencia de clase que a lo largo de todo el movimiento de emancipación obrera, distintos partidos y organizaciones han venido cultivando entre los trabajadores y trabajadoras, fomentando tanto la no aceptación pasiva de su situación así como la necesidad de organizarse a fin de dar expresión resuelta a su deber y derecho a enfrentarse violentamente con la clase explotadora. No olvidemos que “el día de la mujer” con que se inicia la ocupación de las calles, es planteado como un día de reivindicación y protesta que desafía ese dominio de la calle que caracteriza física, mental y jurídicamente al poder. La calle como ese lugar donde “el poder soberano” se manifiesta” y por lo tanto como ese espacio en donde ese poder puede ser cuestionado y confrontado.

Sino todo lo contrario: "La masa se puso en movimiento sola, obedeciendo a impulso interior inconsciente", escribiría Stankievich meses después dándole un carácter casi místico a la acción de aquellas masas de manifestantes. Lo que este autor no se pregunta es de dónde viene ese impulso interior o, por mejor decir: quién o quiénes llenaron ese interior de razones, voluntad y fuerza capaces de transformarse en impulso, en coraje, en voluntad de intervenir, de irrumpir para interrumpir la opresión. Si se hubiera hecho esa pregunta quizá entendería que esa espontaneidad, ese impulso, ese decir basta y hasta aquí hemos llegado, es el resultado de unas condiciones objetivas: salarios de miseria, inflación brutal de los precios, el creciente sentimiento de derrota y fatalismo en la guerra, la falta de alimentos, el frío que no se puede combatir, pero también de unas condiciones subjetivas que se han construido con la ayuda de las organizaciones y partidos revolucionarios que a lo largo de la historia han logrado introducir esa conciencia, en las fábricas, en los barrios, en los cuarteles, en los frentes de guerra, en parte de la intelligentsia, en todos aquellos sectores de la sociedad que viven el capitalismo como injusticia y sinrazón.

Y en ese papel el trabajo del partido bolchevique fue fundamental. El partido bolchevique aun cuando el estallido revolucionario coge a las mayoría de sus dirigentes en el exilio o la cárcel, ha venido creando entre los trabajadores y soldados la conciencia de que son ellos los que poseen el derecho a construir su propio destino recuperando el control de sus vidas. El partido bolchevique que comparte con el mundo del trabajo su lectura marxista del mundo. Una lectura que tiene en la historia de La Comuna de París un capítulo insoslayable y constituyente. Una lectura revolucionaria de las insurrecciones fracasadas de 1905. Un partido que impulsa de manera permanente la acción de clase para dar lugar al surgimiento de esa “espontaneidad” que solo puede entenderse si se acepta que para legar a ella, a “la espontaneidad de las masas” es necesario contar con fuerte organización, dura militancia y constante voluntad revolucionaria.
Solo desde esa voluntad colectiva en marcha se entiende el estallido de la revolución de febrero. Una revolución que da lugar a ese doble poder que a la vez expresa la convivencia de dos revoluciones: una burguesa de corte democrático y otra proletaria que por diferentes motivos se ve frenada. En cualquier caso valga decir que en febrero el futuro gana su primera batalla y queda a la espera de dar su paso definitivo. Tendrá que esperar a Octubre. Pero quienes no esperan son los bolcheviques. Lenin anuncia su llegada. La revolución volverá a llamar a las puertas de la Historia.

Nota:

1. La disparidad entre el calendario juliano por el que se regía Rusia y el gregoriano que era y es el aceptado por la mayoría de los países occidentales daba lugar a un diferencia de fechas de 13 días de adelanto entre el primero y el segundo. En este comentario utilizaremos las propias de la Rusia de aquel tiempo señalando en alguna ocasión la correspondiente al calendario actua

lunes, 15 de mayo de 2017

Marxismo-Leninismo

Marxismo-leninismo

El marxismo-leninismo es la teoría del movimiento de emancipación del proletariado, la teoría y la táctica de la revolución socialista proletaria y de la dictadura del proletariado, la teoría de la construcción de la sociedad comunista. «La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social enseñan con toda claridad que en el marxismo no hay nada que se parezca al “sectarismo”, en el sentido de una doctrina tímida, anquilosada, que ha surgido al margen de la gran ruta del desarrollo de la civilización mundial. Por el contrario, el genio de Marx está precisamente en haber dado soluciones a los problemas planteados antes de él por el pensamiento avanzado de la humanidad. Su doctrina surge como la continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo» (Lenin). La filosofía del marxismo –el materialismo dialéctico y el materialismo histórico– constituye el fundamento teórico del comunismo, la base técnica del partido marxista. Defendiendo del modo más resuelto el materialismo filosófico contra todas las tentativas de desvirtuarlo, combatiendo contra las diversas formas del idealismo filosófico, Marx y Engels no se detuvieron en el materialismo de sus predecesores, sino que imprimieron nuevo impulso a la filosofía, enriqueciéndola con las adquisiciones de la filosofía clásica alemana, especialmente de la filosofía de Hegel. La más importante de estas adquisiciones es la dialéctica. El alma del marxismo es la dialéctica materialista, “la teoría del desarrollo en su forma más completa, más profunda y más libre de unilateralidad, la teoría de la relatividad del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo” (Lenin). “Ahondando y desarrollando el materialismo filosófico, Marx lo llevó hasta su término e hizo extensivo su conocimiento de la Naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. Elmaterialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico. El caos y la arbitrariedad que imperaban en las opiniones sobre la historia y sobre la política dejaron el puesto a una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que revela cómo de un sistema de vida social se desarrolla, al crecer las fuerzas productivas, otro más alto, cómo de la servidumbre de la gleba, por ejemplo, nace el capitalismo” (Lenin). Por oposición a las teorías idealistas que reconocen la idea, la inteligencia, como el fundamento del desarrollo de la sociedad, Marx demostró que el régimen económico, las condiciones materiales de la producción y no las ideas, son el fundamento sobre el cual se erigen las superestructuras políticas, &c.; que la fuerza motriz del desarrollo en las sociedades divididas en clases antagónicas, es la lucha de clases. La obra principal de Marx, El Capital (ver) está consagrada al estudio del régimen económico de la sociedad capitalista. “Allí donde los economistas burgueses veían una relación entre cosas (cambio de unas mercancías por otras), Marx puso de manifiesto una relación entre personas” (Lenin). En su teoría de la plusvalía, Marx descubrió la fuente de las ganancias y de la riqueza de la clase capitalista. “La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx” (Lenin). Investigando las leyes que rigen el desarrollo del modo capitalista de producción, Marx fundamentó el carácter inevitable de su muerte y el triunfo del comunismo. En comparación con el feudalismo, el capitalismo que le sustituyó era un régimen más progresista. Pero una forma de explotación y de opresión de los trabajadores fue reemplazada por otra. Como reflejo de la opresión capitalista y de la protesta contra ella, comenzaron inmediatamente a surgir diversas doctrinas socialistas. El socialismo rudimentario era un socialismo utópico: criticaba acremente el régimen capitalista, lo condenaba, fantaseaba acerca de un régimen mejor en el que no hubiera explotación, pero no podía señalar una salida real. Marx y Engels fueron los primeros que transformaron el socialismo de un sueño en una ciencia. Pusieron de manifiesto el papel histórico-universal de la clase obrera como sepulturera del capitalismo y creadora de la sociedad socialista. Lo principal en el marxismo es la doctrina de la dictadura del proletariado. Marx escribía que “entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda”, que “el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Para la lucha contra la burguesía, el marxismo pertrechó a la clase obrera con una teoría revolucionaria, dando al movimiento obrero que hasta entonces se desarrollaba de una manera espontánea, una orientación socialista. Cuando se revelaron las primeras manifestaciones de la influencia de las ideas marxistas sobre las masas, “todas las fuerzas de la vieja Europa se unieron para la santa cruzada” contra el marxismo. La burguesía luchaba y sigue luchando contra el marxismo no sólo por la violencia. “La dialéctica de la historia hace que el triunfo teórico del marxismo obligue a sus enemigos a revestirse con el ropaje marxista. El liberalismo podrido interiormente, intenta revivir bajo la forma del oportunismo socialista” (Lenin). “El oportunismo no siempre consiste en renegar abiertamente de la teoría marxista o de algunas de sus tesis y conclusiones. A veces, el oportunismo se manifiesta en el intento de aferrarse a determinadas tesis aisladas del marxismo, que han comenzado ya a envejecer, y de convertirlas en dogmas, para contener de este modo el desarrollo ulterior del marxismo y con él, consiguientemente, el desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado” (Historia del P. C. (b) de la U.R.S.S., Compendio). El marxismo es una ciencia creadora. Los fundadores del marxismo consideraban siempre su teoría como una teoría revolucionaria, como guía para la acción. Muerto Engels, Lenin, el formidable teórico, y después de su muerte, sus discípulos con Stalin a la cabeza, son los únicos marxistas que no sólo desenmascararon implacablemente a los oportunistas de toda calaña y defendieron el marxismo contra su desnaturalización, sino que imprimieron nuevos impulsos gigantescos a la teoría marxista, enriqueciéndola con nuevas experiencias, bajo las nuevas condiciones de la lucha de clases del proletariado. Demostraron práctica y efectivamente la omnipotencia del marxismo creador. El marxismo-leninismo es la concepción del mundo única, indisoluble, armónica y científica de la clase obrera. Marx y Engels actuaron y batallaron en el período del capitalismo industrial que aún se desarrollaba en una línea ascendente, en el período en que el proletariado se preparaba para la revolución. Lenin y Stalin, los geniales discípulos de Marx y Engels, actuaron ya en el período del imperialismo, en el período del capitalismo agonizante, en el período de las revoluciones proletarias, en el período en que la revolución proletaria ya ha triunfado en un país y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets, la era de la construcción del socialismo. “He aquí por qué el leninismo es un nuevo desarrollo del marxismo” (Stalin). El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias. «…Lenin no “añadió” ningún “principio nuevo” al marxismo, ni tampoco suprimió ninguno de los “viejos” principios del marxismo» (Stalin). Basándose plena y enteramente en los principios del marxismo, Lenin lo continuó, teniendo en cuenta las nuevas condiciones, la nueva fase imperialista del capitalismo. Stalin, en su entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, señaló lo nuevo aportado por Lenin al tesoro del marxismo. En primer lugar, Lenin elaboró el problema del imperialismo, nueva fase del capitalismo. “En esto, el mérito de Lenin, y por lo tanto lo que hay de nuevo en Lenin, es que basándose en los principios fundamentales de El Capital hizo un fundamentado análisis marxista del imperialismo, última fase del capitalismo, poniendo al desnudo sus lacras y las condiciones de su hundimiento inevitable. De este análisis surgió la tesis, bien conocida de Lenin, de que en las condiciones del imperialismo la victoria del socialismo es posible en algunos países capitalistas tomados por separado” (Stalin). Luego, Lenin desarrolló la idea de Marx sobre la dictadura del proletariado, descubriendo el Poder de los Soviets corno su forma estatal: definió la dictadura del proletariado como la forma específica de la alianza de clase del proletariado con las masas explotadas de las clases no proletarias (campesinos, &c.); demostró que en la sociedad de clases la dictadura del proletariado es el tipo más elevado de la democracia. Lo fundamental en el leninismo es la teoría de la dictadura del proletariado, lo que hace también del leninismo “la teoría internacional de los proletarios de todos los países y sirve y es obligatorio para todos los países sin excepción, incluyendo los países desarrollados desde el punto de vista capitalista” (Stalin). Bajo las nuevas condiciones, en el periodo de transición del capitalismo al socialismo, en un país cercado por Estados capitalistas, Lenin planteó de una manera nueva el problema de las formas y los procedimientos de la construcción eficaz del socialismo, fundamentando la posibilidad de edificar una sociedad socialista en el país de la dictadura del proletariado cercado por Estados capitalistas, a condición de que este país no fuese estrangulado por una intervención militar. Lenin señaló las formas y caminos concretos de la construcción del socialismo, demostrando que en la U.R.S.S., existe todo lo necesario para su triunfo. Luego, Lenin desarrolló la idea de Marx sobre la hegemonía del proletariado, elaborando “un sistema armónico de la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo por el proletariado, no sólo para derrocar el zarismo y el capitalismo, sino también para edificar el socialismo bajo la dictadura del proletariado” (Stalin). Sobre el problema nacional-colonial, basándose en las ideas de Marx, Lenin las desarrolló, adaptándolas a la nueva época, reunió aquellas ideas en un todo único, en un sistema armónico de concepciones sobre las revoluciones nacional-coloniales en la época del imperialismo, demostrando que la solución del problema nacional-colonial está indisolublemente relacionada con el derrocamiento del imperialismo, “proclamó la cuestión nacional-colonial como parte integrante del problema general de la revolución proletaria internacional” (Stalin). Lenin dotó a la clase obrera rusa y a la clase obrera internacional de una teoría armónica sobre el Partido, sobre los fundamentos políticos, tácticos, orgánicos y teóricos de dicho partido, un partido de nuevo tipo, radicalmente distinto de los partidos de la Segunda Internacional infectados totalmente por el oportunismo. La teoría de Marx, Engels y Lenin obtuvo su ulterior desarrollo en los trabajos de Stalin, quien no sólo desenmascaró implacablemente a los enemigos del leninismo, no sólo defendió contra ellos la unidad, el carácter monolítico y la pureza del Partido bolchevique, sino que desarrolló e impulsó la teoría de Lenin sobre el Partido. Sobre la base de la teoría de Lenin, Stalin continuó desarrollando la teoría sobre la posibilidad del triunfo del socialismo primeramente en unos cuantos países y en un solo país por separado, y de la imposibilidad de su triunfo simultáneo en todos los países, bajo las condiciones del imperialismo. Stalin siguió desarrollando las grandes ideas de Lenin sobre la industrialización del país y la colectivización de la economía agraria, elaboró el problema de la vía de transformación socialista del campo y de la liquidación de los kulaks como clase sobre la base de la colectivización total. Stalin elaboró y siguió desarrollando la doctrina de Marx, Engels y Lenin sobre el Estado en las condiciones del socialismo, mientras durase el cerco capitalista. Dotó al Partido y al pueblo de la Unión Soviética del conocimiento de las leyes de la lucha de clases en las nuevas condiciones y señaló el papel que el Estado proletario desempeña en la defensa de las conquistas del comunismo. Los trabajos de Stalin sobre el problema nacional pertenecen a las mejores páginas de la literatura marxista mundial en este dominio. Stalin continuó desarrollando la teoría de Marx, Engels y Lenin sobre el socialismo y el comunismo, demostrando que el movimiento stajanovista prepara las condiciones para el tránsito del socialismo al comunismo. Bajo la dirección de Stalin, los principios fundamentales del comunismo científico están ya prácticamente realizados en la U.R.S.S., y sancionados por su Constitución, la Constitución del primer Estado socialista en el mundo. En la Constitución staliniana está sintetizada la gigantesca experiencia de la construcción de la sociedad socialista en la U.R.S.S. Los más difíciles problemas esbozados en sus líneas fundamentales por Marx, Engels y Lenin –los problemas del tránsito del socialismo al comunismo, de la supresión de los contrastes entre la ciudad y el campo, entre el trabajo manual y el trabajo intelectual–, fueron elaborados por Stalin y bajo su dirección están siendo prácticamente solucionados en la U.R.S.S. Stalin enseña que el eje de las tareas históricas en el período del socialismo es la tarea de la asimilación de la teoría marxista-leninista por los cuadros la intelectualidad soviética. Dominar el marxismo-leninismo significa aprender a distinguir su letra de su esencia, asimilarse su contenido, aprender a emplearlo en las diferentes condiciones de la lucha de clases, saberlo enriquecer, desarrollar e impulsar en consonancia con la nueva situación histórica y los nuevos objetivos. Un poderoso medio de asimilación del marxismo-leninismo es el Compendio de Historia del P. C. (b) de la U.R.S.S., creado por el Comité Central del Partido Bolchevique con la participación personal de Stalin. (Ver: Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la U.R.S.S., Compendio.)

Diccionario filosófico marxista · 1946:192-195

martes, 9 de mayo de 2017

Dia de la Victoria

La victoria de la Unión Soviética y los Aliados sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial se alcanzó el nueve de mayo de 1945. Desde entonces este día se denomina el Día de la Victoria y es una jornada festiva en Rusia y en la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas.

La Alemania nazi, representada por el mariscal de campo Wilhelm Keitel, firmó la capitulación incondicional el ocho de mayo de 1945 a las 22:43, hora central europea (a las 0:43 del nueve de mayo según la hora de Moscú) ante el mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov y los demás comandantes de las tropas aliadas. La diferencia horaria explica por qué en los países occidentales la victoria se celebra el ocho de mayo mientras que en Europa del Este se celebra el día nueve. El Día de la Victoria no fue conmemorado de forma oficial en la URSS hasta transcurridos veinte años del evento, en 1965.

Pero para la gente común y corriente el nueve de mayo siempre ha sido un día muy especial. A la Unión Soviética se le debe el papel principal en la derrota de la Alemania fascista aunque la ayuda en material bélico de los países aliados a la URSS fue considerable. Los soldados soviéticos no solo defendieron su país, sino que liberaron Europa de los invasores fascistas y llegaron a Berlín, logrando que el enemigo definitivamente depusiera las armas. La Segunda Guerra Mundial recibió en Rusia el nombre de “Gran Guerra Patria” porque entró en todas las casas y afectó a toda la población del país. No hubo ni una familia que no perdiera a alguien o no tuviera heridos o desaparecidos.

Algunas ciudades rusas desempeñaron un papel destacado en la lucha contra el fascismo: actualmente son veintisiete las que ostentan el título de Ciudad Héroe y treinta el de Ciudades de Gloria Militar. El nueve de mayo tradicionalmente se organizan desfiles militares con la presencia de veteranos, se colocan coronas de flores en la tumba del Soldado Desconocido y se culmina la celebración con fuegos artificiales.

La tradición de lanzar fuegos artificiales como símbolo del triunfo en la guerra comenzó el cinco de agosto de 1943. Siguiendo un decreto del líder soviético Iósif Stalin, en Moscú se dispararon salvas para celebrar la liberación de las ciudades de Oriol y Bélgorod de las tropas alemanas.

El desfile militar en la Plaza Roja de Moscú es el momento estelar de la celebración. El primer desfile en la capital de la URSS se realizó un mes y medio después de la firma de la capitulación alemana. Tras la desintegración de la Unión Soviética, el nueve de mayo dejó de celebrarse a gran escala durante varios años pero con el 50.º aniversario de la victoria en 1995 la fiesta recuperó parte de su esplendor. El desfile de 2005 marcó el comienzo de una nueva etapa, con la exhibición de todo el potencial militar de las Fuerzas Armadas en la Plaza Roja y para el desfile de 2010, en el que se celebraba el 65.º aniversario de la victoria, fue recuperada la tradición del desfile en tres partes: marcha de tropas a pie, armamento pesado y vuelo en formación de vehículos de la Fuerza Aérea. En 2011 por la Plaza Roja marcharon 20 000 uniformados, el doble de lo habitual y desde las tribunas asistieron al desfile 1500 de los 850 000 veteranos que viven en el país y cuya edad oscila entre los ochenta y noventa años.

En memoria a las víctimas de la guerra en muchas ciudades de Rusia arden Fuegos Eternos. En Moscú el primer Fuego apareció en 1956 en el cementerio Preobrazhénskoye, la mayor necrópolis militar de la ciudad. El ocho de mayo de 1967 también en Moscú se erigió un monumento conmemorativo en los Jardines de Alejandro, al lado de las murallas del kremlin. Cada año en este lugar transcurre la principal ceremonia oficial de la ofrenda floral a la Tumba del Soldado Desconocido. En el año 2010 otro fuego conmemorativo se encendió en el Parque de la Victoria de la colina Poklónnaya, en el oeste de Moscú.

Los lugares favoritos de los veteranos de la capital rusa para reunirse el nueve de mayo y pasear, charlar con los compañeros de armas y presentarse a sus biznietos son la plaza Teatrálnaya frente al conocido teatro Bolshói, el Parque Gorki y el Parque de la Victoria. Pequeñas fiestas con canciones y danzas de la época se organizan en todos los distritos de la capital. No faltan cocinas de campaña militares que ofrecen kasha con carne y borsch, sopa de res con remolacha, platos muy frecuentes en el frente. La comida es cortesía de los patrocinadores privados de las fiestas. Los veteranos lucen sus condecoraciones y jóvenes miembros de clubs históricos visten uniformes militares de la época.

Desde 2005 existe la tradición de repartir entre los transeúntes y conductores de vehículos cintas con los colores de la orden de San Jorge. De color naranja y negro, son el símbolo de la victoria, de la continuidad de las generaciones y del agradecimiento a los veteranos. La cinta es repartida por voluntarios en los cruces de semáforos, se entrega en supermercados, gasolineras, bancos y otros lugares públicos y los rusos suelen lucirla en el pecho, en los bolsos de mano, en las antenas de los vehículos...

El nueve de mayo los rusos guardan un minuto de silencio en honor a los caídos en las batallas de la Gran Guerra Patria. La cifra es abrumadora: 27 millones de víctimas entre militares y población civil. A las siete de la noche la televisión y la radio públicas comienzan la transmisión simultánea. Se ven imágenes del Fuego Eterno y se escucha el carillón del Kremlin. El presentador dice unas palabras en recuerdo de los mártires. La voz y la música se interrumpen y el país queda cubierto por manto de silencio. Esta tradición conmemorativa existe desde 1965.

La celebración del Día de la Victoria culmina con fuegos artifíciales, los más espectaculares de todas las fiestas nacionales de Rusia