domingo, 17 de julio de 2016

¿Guerra civil, o guerra de clases?

▼Publicado en el blog del viejo topo
domingo, 17 de julio de 2016
¿Guerra civil o guerra de clases? Tres acentos en el 80º aniversario del golpe de estado del 18 de julio de 1936.

El 18 de julio se cumplen 80 años del golpe de estado fascista contra el gobierno constitucional de la II República. Provocó una guerra que duró tres años. Bueno es que recordemos brevemente, a modo de "acentos", algunos hechos que tienden a ser olvidados.

Primer acento. Fue una guerra de clases, Capital contra Trabajo.

Aunque la etiqueta más extendida para referirse a este episodio bélico es la de "guerra civil", en realidad tal etiqueta no expresa la naturaleza del hecho histórico y distorsiona lo que ocurrió, por dos razones:
1ª. Porque tiende a ensombrecer el hecho central que jamás debemos olvidar: fue un enfrentamiento entre quienes defendían la legalidad constitucional y las fuerzas golpistas que, bajo el estandarte del fascismo, se alzaron en armas contra dicha legalidad.
2ª. Porque oculta la naturaleza de clase que tuvo el conflicto. La mayor parte de la oligarquía económica española -el capital-, políticamente representada por la derecha golpista, adoptó el fascismo para defender sus intereses de clase, en reacción a la victoria electoral del Frente Popular, que aglutinaba a las fuerzas políticas defensoras de los intereses de clase de los trabajadores. Lo que llamamos guerra civil, fue una guerra de clases, una expresión bélica de la lucha de clases. Esta lectura en términos de clase, ha sido sistemáticamente tapada o, al menos, disimulada o difuminada en muchas de las interpretaciones históricas llevadas a cabo.
Así pues, aunque técnicamente sea difícil rebatir el término "guerra civil", jamás debemos olvidar la dos dimensiones mencionadas: fue una guerra de clases, del capital frente al trabajo, y entre quienes apostaron por el fascismo frente a los que defendían la democracia. El 18 de julio de 1936, la oligarquía capitalista activó ese plan B al que recurre cuando se ve amenazada: el fascismo.

Segundo acento. La traición de las democracias burguesas.

El papel de las democracias burguesas en relación con el triunfo de los fascismos en Europa, a menudo ha sido cubierto por un tupido velo para esconder las miserias y canalladas históricas de tales democracias. Por ejemplo, la propagando anticomunista se pasa la vida hablando del pacto de no agresión entre la URSS y Alemania, provocado por la necesidad que tenía la URSS de ganar tiempo ante lo que era irremediable (la expansión nazi hacia el Este y la guerra con Alemania) y la inhibición de RU y Francia ante el expansionismo nazi. Esa misma propaganda olvida un pacto previo que condicionaría la reacción soviética posterior: cuando ingleses y franceses decidieron dar la espalda a Checoslovaquia y dejarla en manos de los nazis. En efecto, el 30 de septiembre de 1938, el Primer Ministro británico Neville Chamberlain y el Primer Ministro francés Édouard Daladier, se reunieron con Hitler y con Mussolini en Munich, para abordar las pretensiones nazis en Checoslovaquia. RU y Francia accedieron a la anexión alemana de la región de los Sudetes, que sería el prólogo de la anexión de toda Checoslovaquia. Para el "demócrata" Chamberlain, no merecía la pena defender Checoslovaquia porque era preferible un acuerdo con Hitler, a quien el inglés consideraba "un hombre de honor" que mantendría la paz. La Alemania nazi ocuparía Checoslovaquia entera apenas unos meses después -marzo de 1939-

Pero antes de que estos hechos tuviesen lugar, las democracias burguesas europeas, básicamente Reino Unido y Francia, fueron protagonistas de otro episodio canallesco: su inhibición ante el fascismo español al abandonar a su suerte a la democracia española. Las democracias occidentales abandonaron y negaron su apoyo a la II República, dejándola en las garras del fascismo, mientras la Alemania nazi de Hitler y la Italia fascista de Musssolini intervenían militarmente en España a favor de Franco. 

La justificación de las democracias burguesas para no intervenir en defensa de la República, fue la "neutralidad". En la lucha de la democracia frente al fascismo, RU, Francia y EE.UU. optaron por una repugnante no injerencia. Por otra parte, se produjo un agravante que venía a mostrar además la hipocresía de tal "neutralidad". Por un lado, Estados Unidos ayudó a Franco, prohibiendo la venta de armas a la República y permitiendo la venta de gasolina y la concesión de créditos a los golpistas. Por otro lado, Gran Bretaña también apoyó a Franco con la venta de materiales a los sublevados, permitiendo la conspiración previa al 18 de Julio de 1936 en su territorio, y presionando para que Francia fuese neutral.

Los dos únicos países del mundo que ayudaron a la causa republicana, fueron la Unión Soviética y México.

Tercer acento: el apoyo de la Iglesia al Fascismo.

El Vaticano ya había llegado a pactos con el Fascismo en Italia, con los Pactos de Letrán, expresión de la simbiosis que se produjo entre el régimen fascista italiano y la Iglesia católica (entre otras cosas, el catolicismo se convertía en religión oficial, la Iglesia daba legitimidad a la dictadura y los obispos debían jurar lealtad al Estado fascista antes de tomar el cargo). En España no fue diferente.

El Vaticano y la Iglesia española apoyaron la insurrección fascista, calificada como "Cruzada" en nombre de Dios. El 28 de noviembre de 1937 la Iglesia reconocía oficialmente al gobierno de Franco. La sublevación contra la legalidad republicana adquirió ese carácter de cruzada, de guerra santa contra los "enemigos de la fe" cristiana (es decir, anarquistas, comunistas, socialistas, liberales...). Franco se convertía, gracias a este apoyo, en "Caudillo de España por la gracia de Dios".

Durante la guerra, en las zonas que iban siendo ocupadas por los fascistas, y tras acabar la guerra, la Iglesia desempeñó además un papel importante en la represión. Fueron muchos los curas que colaboraron con los falangistas y militares golpistas, elaborando listas de republicanos para ser ejecutados o encarcelados. La imagen del cura con pistola yendo a buscar "rojos", quedó grabada en la memoria de mucha gente. Y también otras muchas cosas. Hace años tuve la oportunidad de entrevistar a una persona que formó parte de los piquetes de ejecución de un buen número de mineros asturianos trasladados a Camposancos (A Guarda, Pontevedra), en espera de ser fusilados. Este informante, que durante toda su vida arrastró el problema de conciencia de participar en los fusilamientos (aunque aquellos que se negaban eran fusilados también al instante), contaba que la persona que le daba el tiro de gracia en la cabeza a los mineros asturianos era el cura.

Como ocurrió en la Italia de Mussolini y en Portugal bajo la dictadura de Salazar, en España la simbiosis entre la Iglesia Católica y el régimen fascista fue también absoluta.

@VigneVT
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